El artista pontevedrés Leopoldo Nóvoa no debe ser encasillado en movimiento o corriente estética alguna... su obra, trasciende modelos preconcebidos. En sintonía con Jean-Clarence Lambert, se puede establecer un paralelismo entre su vida nómada y los silenciosos espacios recreados en sus obras. La acumulación de vivencias se sedimentan en el papel hasta poder ser analizadas como superposiciones estratigráficas que, bajo sutiles y naturales colores, formas, hendiduras, texturas, volúmenes o mecates, son depositadas minuciosamente por Nóvoa dando vida a un universo creativo -con voz propia- dentro de la estampa.
La poética, la temática o el aspecto formal de las diferentes piezas que componen esta exposición no plantean variaciones sustanciales con respecto a la obra única y, una vez más, vislumbramos en ello al hombre comprometido con la sociedad y el tiempo que le ha tocado vivir. Su sensibilidad hacia la literatura está también presente aquí con su papel de singular ilustrador de libros de autor como Teritoires du silence de Andrée Chedid, o La poudre d´une roue de Daniel Lacotte. “Siempre he pensado que una obra de arte es como un espejo donde el espectador se mira a sí mismo. Y en esa mirada, en esa prospección, se van descubriendo sus secretos y mensajes. ... La obra de Leopoldo Nóvoa es sensual silencio, espacio, levedad, ternura y misterio”
Rafael Canogar
¿Qué pode haber alén de tanta transparencia, de tanta levidade?
Xavier Seoane
“...Leopoldo Nóvoa, blanco sobre blanco, inundado de claridad, de luz de mediodía, el negro sobre negro de las antiguas minas belgas con tus cartografías de silencio”
Miguel Logroño
“Sobre tanto silencio, Novoa erige en protagonista a un humilde cordel que a veces se esconde, como una serpiente, bajo la tela, aunque lo más frecuente es que atraviese el lienzo, de lado, en línea recta, o describiendo un arco... ”
José Hierro
“Ocupamos el espacio acumulativamente, subimos el color y el movimiento, cuando interiormente queremos expresarnos, hasta que en ciertos momentos, por desocupación espacial, apagamos nuestro lenguaje, buscando la protección espiritual del silencio y la soledad”.
Jorge Oteiza