Territorios y cartografías en blanco y negro.
FRAN HERBELLO, RENÉ PEÑA
Concha Fontenla
El trabajo de Fran Herbello y René Peña tiene como referente el Body Art -finales de los sesenta principios de los setenta- y se pueden enmarcar dentro de una corriente que, desde finales de los años ochenta, recupera el cuerpo como territorio de experimentación plástica, superando su anterior papel de mero soporte para convertirse en receptáculo de experiencias como la manipulación genética, la cosmética, la identidad sexual, la enfermedad, el placer o la muerte, entre otros. El cuerpo, según Hal Foster, pasa a convertirse en un site (lugar) autobiográfico, semiótico y, por tanto, construido... un site nada neutral ni pasivo, sino más bien obsesivo y ambiguo: territorios en los que convergen y se proyectan a la vez prácticas artísticas y discursos críticos. Lo realmente importante son sus apariencias, su imagen virtual, su capacidad -en definitiva- para superar la re-presentación y presentar un objeto real y simbólico al mismo tiempo planteando, en esta nueva presentación del cuerpo humano, diferentes procesos de fragmentación de la imagen, aproximaciones focales que, a modo de cartografías, permiten al artista aportar nuevos significados, nociones abstractas.
Fran Herbello utiliza el cuerpo para reflexionar sobre la identidad, la memoria, el tiempo y la muerte; y lo hace desde su propia idiosincrasia, desde la ironía latente en su tan reivindicada procedencia “Vivo entre lo rural y lo urbano y en esta oscilación veo como los cuerpos objetualizados de las vallas publicitarias, inertes, que venden una eternidad terrenal, heredan la concepción religiosa en la que el cuerpo es castigado para alcanzar una eternidad que le es propia al alma.
Dicen que la esperanza de eternidad es uno de los medios para tratar la desazón que produce ser conscientes de que morimos, de enfrentarnos al miedo a la muerte, y aunque en lo urbano parece no existir, lo cierto es que se esconde censurado detrás del actual culto al cuerpo. Yo también la temo, pero como hacen mis abuelos, tomo de la cultura popular su estrategia de combatir la ansiedad que produce lo desconocido, perdiéndole el respeto al hacerla cotidiana, conviviendo con ella, y a veces, ridiculizándola.”
Siguiendo planteamientos surrealistas, Fran Herbello juega con imágenes manipuladas que, en cierto modo, recuerdan a Chema Madoz. Sin embargo, las rigurosas composiciones, la utilización del blanco y negro o el hecho de recurrir a citas de la vida cotidiana no dejan de ser meras anotaciones al margen ya que tras la obra del artista gallego subyace una respuesta a lo que él denomina acoso de la sociedad digital. Las fotografías de Fran son analógicas y, a pesar de que sus imágenes acostumbran a ser tomadas como digitales, son producto de la intervención directa sobre los cuerpos. Una obra de naturaleza claramente escultórica que muestra precisamente el interés por trabajar en contacto con objetos reales, creando intervenciones efímeras carentes de sentido en sí mismas, solo pensadas y realizadas para dar lugar a fotografías.
El cuerpo es su campo de experimentación, objeto de análisis, territorio del que extrae infinitas posibilidades semánticas y expresivas; para ello, ensambla partes de cuerpos diferentes, realiza marcas e incisiones, incorpora elementos y texturas que le permiten -mediante el dominio de las nuevas tecnologías de digitalización de la imagen- subvertir los géneros preestablecidos con una buena dosis de ironía. Pero, lo que tiene valor no es el proceso seguido sino el resultado obtenido y el concepto subyacente. La agresividad simulada en las imágenes contrasta con la armonía de la composición formal a la que él presta una cuidadosa atención, para de esta forma incrementar lo tangible de la intervención sobre el cuerpo aumentando su dureza. Las opciones fotográficas que las caracterizan, como la fragmentación, la sencillez de las tomas, su carácter central y frontal, su simetría, la iluminación con luz difusa y los fondos negros les hacen sugerir un realismo propio de las fotografías documentales científicas.
René Peña se incorpora al mundo fotográfico a finales de 1980, iniciando su trayectoria con fotografías de interiores y situaciones domésticas de su Cuba natal para adentrarse después en su propio cuerpo con temas como la negritud, la ambigüedad sexual y la influencia del consumismo o el mercado. Concibe series a partir de un examen conceptual, formal y estructuralmente diferentes a todos los parámetros establecidos hasta entonces, pasando del expresionismo al homoerotismo, con fuertes elementos místicos, tendencias de experimentos plásticos y cierta escenificación teatral . “El hecho de lidiar constantemente con mi propia imagen (¿autorretrato no significa que esté interesado en desarrollar mi obra desde una perspectiva egocéntrica o narcisista. En mi caso, un ejercicio inicial de autorreconocimiento me ha preparado para, en determinado momento, poner a un lado aquellos aspectos de la personalidad que nos caracterizan a todos como seres individuales, e incursionar en el espacio de la nulidad personal. Aunque todos tenemos rasgos que nos distinguen y diferencian, es en esa zona donde permanecemos la mayor parte del tiempo, y de aquí he decidido extraer material que les mostraré en aquellos momentos en que creemos tener opinión propia. Por eso Anulaciones propone una versión fragmentada de mi cuerpo, de tal manera que cualquiera puede identificar pedazos humanos comunes a todo mortal. Acerca del medio que utilizo para realizar mi trabajo, la fotografía, pudiera decir que siempre supe que era una vía capaz de soportar ideas, más tarde entendí su función ideológica, ahora sé que es una herramienta perfecta y contundente .”
En los fragmentos de piel que René Peña fotografía se pueden apreciar todo tipo de códigos, marcas de identidad, cartografías que, en definitiva, describen minuciosamente cada uno de los capítulos de su historia. Y lo hace de un modo sumamente pictórico, con sutiles aunque contundentes referencias a sus señas de identidad.