Territorios y cartografías en blanco y negro.
FRAN HERBELLO
Concha Fontenla
Fran Herbello utiliza el cuerpo para reflexionar sobre la identidad, la memoria, el tiempo y la muerte; y lo hace desde su propia idiosincrasia, desde la ironía latente en su tan reivindicada procedencia “Vivo entre lo rural y lo urbano y en esta oscilación veo como los cuerpos objetualizados de las vallas publicitarias, inertes, que venden una eternidad terrenal, heredan la concepción religiosa en la que el cuerpo es castigado para alcanzar una eternidad que le es propia al alma.
Dicen que la esperanza de eternidad es uno de los medios para tratar la desazón que produce ser conscientes de que morimos, de enfrentarnos al miedo a la muerte, y aunque en lo urbano parece no existir, lo cierto es que se esconde censurado detrás del actual culto al cuerpo. Yo también la temo, pero como hacen mis abuelos, tomo de la cultura popular su estrategia de combatir la ansiedad que produce lo desconocido, perdiéndole el respeto al hacerla cotidiana, conviviendo con ella, y a veces, ridiculizándola.”
Siguiendo planteamientos surrealistas, Fran Herbello juega con imágenes manipuladas que, en cierto modo, recuerdan a Chema Madoz. Sin embargo, las rigurosas composiciones, la utilización del blanco y negro o el hecho de recurrir a citas de la vida cotidiana no dejan de ser meras anotaciones al margen ya que tras la obra del artista gallego subyace una respuesta a lo que él denomina acoso de la sociedad digital. Las fotografías de Fran son analógicas y, a pesar de que sus imágenes acostumbran a ser tomadas como digitales, son producto de la intervención directa sobre los cuerpos. Una obra de naturaleza claramente escultórica que muestra precisamente el interés por trabajar en contacto con objetos reales, creando intervenciones efímeras carentes de sentido en sí mismas, solo pensadas y realizadas para dar lugar a fotografías.
El cuerpo es su campo de experimentación, objeto de análisis, territorio del que extrae infinitas posibilidades semánticas y expresivas; para ello, ensambla partes de cuerpos diferentes, realiza marcas e incisiones, incorpora elementos y texturas que le permiten -mediante el dominio de las nuevas tecnologías de digitalización de la imagen- subvertir los géneros preestablecidos con una buena dosis de ironía. Pero, lo que tiene valor no es el proceso seguido sino el resultado obtenido y el concepto subyacente. La agresividad simulada en las imágenes contrasta con la armonía de la composición formal a la que él presta una cuidadosa atención, para de esta forma incrementar lo tangible de la intervención sobre el cuerpo aumentando su dureza. Las opciones fotográficas que las caracterizan, como la fragmentación, la sencillez de las tomas, su carácter central y frontal, su simetría, la iluminación con luz difusa y los fondos negros les hacen sugerir un realismo propio de las fotografías documentales científicas.
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