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Enrique Lista
Nota sobre la trayectoria de producción

La producción plástica de Enrique Lista hasta 2006 puede enmarcarse dentro del género fotográfico y busca salidas después de asumir su carácter esencialmente falseador. La incapacidad de la fotografía para superar la indefinición e incertidumbre de la experiencia cotidiana y su radical ambigüedad como herramienta de conocimiento son algunas de las directrices básicas de esta producción.

Los personajes que aparecen en las series olvidos familiares y (des)conocidos han sido extraídos de fotografías privadas despojándolos de su aparente evidencia y anécdotas particulares. Su pérdida de detalles es paralela a los procesos de deterioro y olvido de los sujetos físicos pero también a la incertidumbre que la experiencia cotidiana muestra ante cualquier análisis.

Las dificultades materiales para sostener esta producción fotográfica han hecho que sus planteamientos giren hacia propuestas más multidisciplinares que tratan de incorporar y hacer visibles los condicionantes materiales de la producción plástica, desde las necesidades elementales del artista hasta los costes de producción de la obra o el trabajo más o menos físico necesario para realizarla.

Esta línea de producción comienza con un ciclo de propuestas con el título genérico de arte por comida. Este ciclo comprende un grupo heterogéneo de piezas, acciones y documentos que tienen como finalidad principal obtener comida a cambio de su realización. Todos los beneficios que pudiesen generar se destinarían a la manutención del artista. Las piezas producidas después de este ciclo mantienen las alusiones a las circunstancias materiales de su producción al tiempo que hacen más evidentes las citas irónicas a piezas del arte conceptual clásico.

El aspecto de estas propuestas es formalista pero también autoirónico. El lenguaje conceptual empleado se burla de su propia pureza formal pero reflexiona también sobre las necesidades materiales de la producción artística que, a menudo, se ocultan deliberadamente, tanto por las instituciones implicadas como por los mismos artistas que parecen querer mantener una cierta apariencia de espiritualidad en su trabajo según tópicos románticos.

Las propuestas plásticas formalistas parecen querer esconder su servidumbre material. Parece que el artista conceptual (como tipo tópico del artista contemporáneo) no come ni duerme, desde luego, no suda, y realiza todo su trabajo desde el puro intelecto. Estas pequeñas propuestas irónicas tratan, al contrario, de hacer visible la trastienda cotidiana de esa elegancia formal, desmitifican la práctica artística contemporánea y la sitúan al nivel de otros trabajos de menor mitología social.

Esta línea de trabajo desprovista de hermetismos o pretensión de trascendencia, lejos de conducir a un callejón sin salida de propuestas conceptuales puramente críticas, abre nuevas posibilidades para un modo de expresión claro y capaz de conectar con el espectador de manera muy directa.



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