Carlos Maño “se sabe” catalizador de la energía cósmica. Inmerso en el cosmos, en la naturaleza y en su entorno, “siente” fluir las energías de campos magnéticos o gravitatorios... cuya espiral envolvente gira en sentido de las agujas del reloj, en el hemisferio norte de la tierra, mientras sucede lo contrario en el hemisferio sur. Esta energía afecta, de modo natural, a su identidad como artista ya que su cerebro funciona regido por hemisferios perfectamente definidos: el derecho controla las emociones, el izquierdo la técnica.
Al observar las piezas constatamos que la inspiración se ha apoderado de este artita y, manteniéndolo largas jornadas en vela, en un estado de trastorno neurótico, ha conseguido activar los hemisferios generadores de imágenes y estructuras, transmitirlas del uno al otro de forma automática, superando así el reto que supone enfrentarse a la imagen inmaculada de la tela. La importancia de la parte emocional en el proceso le otorga a las piezas un carácter único. Se percibe, también, como en otras ocasiones la acción de pintar se realiza intuitivamente... en un espacio/tiempo, en el que el artista, mero instrumento físico de la mente-creadora, “transcribe” de manera rítmica lo que sus hemisferios le dictan. Inspiración, conocimiento, acción, proceso creativo, reciprocidad entre hemisferios, interacción entre lo científico y lo cognitivo son temas subyacentes en todas y cada una de las obras de Hemisferios de un outsider.
Concha Fontenla